La cristalografía, esa aventura fantástica que no acaba

Hay ciertas áreas del conocimiento que por remota a las sensaciones sólo son asequibles a través de la ciencia.  Desde que Leucipo y Demócrito postularan la existencia del átomo y pasando por el azar de Epicuro los seres humanos hemos andado un buen camino para entender como está formada la sustancia . En última instancia de que etán formadas todas las cosas ha sido una de las preguntas primordiales del género humano.

Cuando en 1912 Laue comprendió que los rayos X eran la herramienta para “observar” los disputados átomos,  cerraba un ciclo extraordinario de la evolución del pensamiento humano y abría otro. Ya no se disputaba la existencia de los átomos y el carácter de “luz” de la radición de Roetgen queda indisputada.   El descubrimiento de Laue y los desarrollos de Bragg, tambien vinieron a unir todo el aparato matemático creado por Bravais,  Schoenflies, Fedorov con la realidad experimental que recién se descubría. La revolución que sobrevino sólo puede explicarse de extraordinaria.  Desde lo inorgánico hasta lo vivo, la cristalografía barrió toda la sustancia conocido, se erigió en la ciencia de la arquitectura de los átomos y bajo su martillo, saltaron por los aires los cofres que custodiaban el secreto de la sal común y del ADN, del cobre y de la insulina, del hielo y de la hemoglobina.  No solo en la tierra quedo su saber, también cayeron a su empuje las rocas lunares y los meteoritos.

Pero con el éxito vienen los peligros. El éxito incontestado de la cristalografía durante casi todo el siglo XX, hizo que se asumiera como verdad postulada, pero no demostrada, que en un sólido el único arreglo atómico posible que preservaba el orden de largo alcance era la repetición periódica de un conjunto finito de átomos.  Era tan bella la teoría de la cristalografía con sus 230 grupos espaciales, sus tablas tan absolutas como las de Moises. Pero ya lo dijo Shakespeare “hay mas entre el cielo y la tierra que en tu filosofía Horacio”, en 1984 Schechtman removió las bases de la cristalografía al dscubrir, como un nuevo Laue, que podía haber orden sin periodicidad. Esta vez, le toco a la propia cristalografia sentir que su edificio se removía desde las simientes. Los científicos respiraron con alivio.

Una ciencia que se vuelve catecismo deja de ser ciencia. Las verdades anquilosadas solo crean artitris en los coyunturas de la ciencia. Las rupturas en ciencia, no deben asustarnos sino aliviarnos, quiere decir que aun hay mucho más por conquistar.  Despues del descubrimiento de los cuasicristales por Schechtman, nos hemos dado a la tarea de mirar con mas detenimiento las bases mismas de la disciplina. Hemos descubierto que no sabemos realmente cuando un sistema difracta de manera  discreta, es decir, dando máximos aislados. Los matemáticos lo dicen más fino, no sabemos las condiciones necesarias y suficientes para la difraccion discreta. El abrir de la nanotecnología ha traido un número creciente de estructuras nuevas, arquitecturas inexploradas de los átomos: fullerenos, nanotubos, grafenos, tantas otras. Estructuras que nos obligan a pensar en términos de sólidos finitos, nos obligan a repensar toda la matemática de los sólidos, nos obligan a desandar caminos nuevos y misteriosos. Hoy somos como ese niño de Newton que recoge alguna piedra qui,  otra alla y contempla fascinado el mar de lo desconocido que se abre frente a el.